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28.8.12

Sobre la Biblia Hamburg y algunas notas de codicología

Hola amig@s,

Todos los amantes de los libros hemos experimentado esa fascinante atracción que produce la contemplación de las iniciales historiadas en antiguos manuscritos.  Nos atrapa no solo su belleza, también la curiosidad de estudiar lo que representan. Y es que su significado puede estar relacionado con el tema tratado en el texto, pero no siempre es así (aumentando aún más la curiosidad).

El maestro miniaturista se inspiraba en la realidad que le rodeaba: ropajes, peinados, arquitectura, decoración, objetos diversos, etc. Se trata sin duda de un valioso objeto de estudio para el investigador.

Un maravilloso ejemplo de iniciales historiadas lo encontramos en la Biblia Hamburg o Biblia Bertoldo, custodiada en la Biblioteca de Hamburgo bajo la signatura MS.GKS 4. Se trata de una Biblia Latina en tres volúmenes realizados en el scriptorium de la Catedral de Hamburgo en 1255. Una magnífica obra realizada con gran maestría que incluye 89 iniciales iluminadas, entre las que se encuentra un grupo que ilustra la elaboración del libro medieval. Son un ejemplo único, en el ámbito de expresíon artística y como  fuente de estudio de la producción libraria medieval (1). 

Apoyándonos en estas hermosas representaciones realizaremos un viaje al pasado para conocer un poco mejor los métodos empleados en la elaboración de un manuscrito medieval. Para la redacción de esta entrada ha sido fundamental la teoría del libro de la Doctora Elisa Ruiz Manual de Codicología, una obra absolutamente indispensable para todos los estudiosos del libro antiguo.


Ars Libri
El Arte de la Producción Libraria en la Edad Media



Estamos en la segunda mitad del s.XIII y nos proponemos llevar a cabo la compleja tarea de elaborar un libro. Comencemos...

Una vez decidido el texto que se iba a copiar el siguiente paso era el de obtener los materiales necesarios. A mediados del s.XIII la elaboración y uso del papel se había extendido por la Europa continental aunque su empleo era aún restringido y se seguía utilizando ampliamente el pergamino sobre todo en la ejecución de manuscritos de calidad.

En la imagen vemos a un monje examinando atentamente la mercancía del pergaminero que sostiene una pieza desplegada y guarda otra enrollada bajo el brazo, sería esta última la forma más fácil para transportarla. En un segundo plano algunas de sus herramientas de trabajo: un bastidor rectangular con una piel tensada secándose y a sus pies el característico lunellum, es un detalle mágnifico que hace referencia a las últimas fases de elaboración del pergaminoSi os interesa conocer más sobre la fabricación de pergamino pinchar aquí.

Para realizar un manuscrito era necesario comprar o producir, algunos monasterios  se fabricaban sus propios pergaminos, un gran número de pieles. En ambos casos resultaba un producto costoso, aunque existían diferentes calidades que variaban su precio. Como es lógico cuanto más fina y perfecta fuese una piel mayor era su valor, teniendo su máxima expresión del lujo en las vitelas, entendidas como pieles obtenidas de animales nonatos o muy jóvenes, o como pieles trabajadas profundamente resultando de gran finura y blancura. Además se buscaba una cierta homogeneidad en todas las piezas que compondrían el libro, por lo que la selección de estas sería un proceso cuidadoso y seguramente el monje de la imagen pasaría un buen rato con el pergaminero examinando y eligiendo las pieles.

La elaboración del manuscrito conlleva una serie de decisiones previas que influirán en toda su construcción. Cuando el monje acude a comprar las pieles ya sabe la extensión de la obra y el formato que le van a dar, y, por tanto, el número de páginas que ocupará.

Cada pergamino debe cortarse de forma rectangular, aprovechando al máximo las pieles y manteniendo unas medidas constantes. Dependidendo del tipo de obra, su extensión, etc. se establecían unos criterios de diseño para el manuscrito. Se sabe que llevaban a cabo complejas manipulaciones gracias a las huellas físicas que permanecen en algunos ejemplares y cuya correcta identificación y preservación, sobre todo ante procesos de restauración, es sumamente importante.



En esta capitular vemos un monje sentado en su pupitre, la forzada perspectiva nos permite observar claramente la tarea que está realizando: con la mano izquierda sostiene una regla sobre la que se apoya para trazar una recta con un cuchillo de hoja curva. Trabaja sobre la mitad derecha de la piel, sobre una de las páginas, ha trazado ya tres líneas que formarán un rectángulo y parecen ser equidistantes a sus repectivos márgenes (lomo, corte superior y corte inferior) la tercera línea se adivina y, probablemente, esté llevando a cabo la delimitación del espacio destinado a la escritura.

Esta tarea no era una cuestión baladí, de hecho la observación de un manuscrito medieval abierto suele producir un efecto óptico de placer, dada la buena proporción y correspondencia de las diversas partes que lo componen. Se intuye que respetaban con fidelidad ciertos principios aritméticos que podían aplicarse mediante determinadas fórmulas. Estos algoritmos ayudaban a conseguir superficies armónicas y entre las varias opciones había, al menos, cuatro recursos prácticos: proyectar un rectángulo aúreo, uno de Pitágoras, uno proporcional al creciente o bien el llamado "canon secreto". La plantilla así creada serviría para la confección de las restantes hojas del ejemplar.

Hubo un tiempo en que el desconocimiento llevó a la práctica del guillotinado de los márgenes en algunos ejemplares para reencuadernaciones o restauraciones mal planteadas, por lo que es posible encontrar obras tristemente amputadas en las que se ha perdido esta información (y consecuentemente también otros valiosos datos como el tipo de cosido, nervios, cabezadas o la encuadernación original, entre otros). La mayoría de los testimonios conservados que mantienen su estructura original ofrecen unas armónicas proporciones, aunque no responden a los sistemas mencionados anteriormente. La carencia de tratados técnicos sobre la manufactura del libro, redactados en la época, dificulta el conocimento de los medios artesanales puestos en práctica durante el período medieval. Anque si se conserva una receta datable en el s.IX que prescribe observar las siguientes proporciones:
  • La página guardará una relación de cinco partes de alto por cuatro de ancho
  • El margen inferior y el lateral exerior ofrecerán una dimensión equivalente a una parte
  • El margen superior presentará una altura que se corresponderá con 2/3 de una parte
  • El margen lateral interior tendrá una anchura equivalente a los 2/3 del margen superior
  • Si la página es a doble columna, el espacio intermedio tendrá igual dimensión que el margen lateral interior
Cuando se quiere averiguar si una pieza presenta algún tipo de superficie armónica se divide la dimensión del lado mayor por el lado menor de cada figura geométrica rectangular y este cociente indicará si puede ser consideraca como una de las modalidades descritas. Se propuso en su día adoptar un margen de tolerancia del 2% para los respectivos cocientes.

Ya tenemos preparadas la páginas y podemos continuar.




En esta imagen aparece otro monje, es otro personaje diferente al anterior, su rostro y pelo son distintos y además este va descalzo (me pregunto por qué). Se sabe que en la elaboración de un libro podían participar varias personas, asumiendo cada una de ellas una tarea especializada.

Nuestro portagonista esta muy atareado realizando el pautado o rayado, tarea consistente en trazar una serie de líneas que servirán para delimitar la superficie de escritura y guiar su ejecución. El monje se apoya sobre una larga regla para trazar las líneas que marca con ayuda de un objeto difícil de determinar, puede ser una punta seca, una mina de plomo o un estilete metálico. En el lateral derecho de la mesa se observa lo que puede ser un tintero con pigmento negro, lo que nos lleva a pensar en el uso de una pluma para marcar las líneas.


Los procedimientos empleados en el pautado han variado con el paso del tiempo y según las áreas geográficas. En el estudio de esta cuestión hay que tener en cuenta los siguientes aspectos: las técnicas aplicadas, los tipos de líneas, los esquemas resultantes, la descripción de los esquemas y los sistemas de pautado.

Las principales técnias de pautado:
  • A punta seca, se extiende aproximadamente hasta el s.XIII.
  • Uso una mina de plomo u otra sustancia colorante, en vigor a partir del s.XII.
  • Con pigmentos, empleada desde el s.XIII y popularizada en el s.XV. 

Los tipos de líneas básicos:
  • Líneas maestras: las que delimitan la superficie de escritura.
  • Líneas rectrices: aquellas destinadas a ser soporte del texto.
  • Líneas marginales: las que discurren fuera del área de escritura.
  • Intercolumnio: son las que separan las columnas de escritura.
Los esquemas de pautado:

El soporte es susceptible de recibir un trazado lineal con una infinidad de variantes en función  de la disposición general de los diferentes elementos proyectados por el copista e inspirados en los usos locales imperantes.

La descripción de los esquemas de pautado:

Existen varios procedimientos para describir de manera rigurosa y sintética los diseños existentes. Una exposición detallada del sistema de clasificación propuesto por el profesor Leroy se encuentra en su obra Les Types de réglure del manuscrits grecs (1976).

Se pueden acceder a una base de descriciones de sistemas de pautado según Leroy, muy práctica y didáctica, para verla pinchar aqui.


Los sistemas de ejecución del pautado:

Se trata del sistema seguido para obtener el trazado de un mismo tipo de rayado sobre todos los folios de un cuaderno. En función de la técnica empleada se realizará sobre una página, folio o bifolio. Si se emplea la punta seca para su ejecución será posible marcar varios folios a la vez.




Siguiendo con el proceso de creación del libro vemos en esta capitular la representación de la transcripción del texto. Es llamativo ver que nuestro protagonista aquí no sólo es un nuevo personaje sino que además viste de manera diferente a los anteriores, mostrando un atuendo menos sobrio.

En su mano derecha sujeta el instrumento escriptorio y con la izquierda un cuchillo. En la Edad Media el acto de escribir se hacía con las dos manos, lo que significa que el copista no podía utilizar los dedos para seguir el texo origninal. El cuchillo servía para afilar la pluma y para eliminar con rapidez posibles errores antes de que la tinta se secara, pero también para sujetar el elástico pergamino y mantener la línea correspondiente mientras iba copiando las palabras de la misma.

Los amanuenses empleaban plumas de ave o de caña, que debían preparar previamente e ir reparando durante el proceso de copia puesto que la hendidura se iba abriendo con el uso o con el descuido. Todas las personas que sabían escribir preparaban sus plumas. Se ha desmostrado que las mejores son las cinco o seis más exteriores de las alas de ganso y cisne. En el s.XII Teófilo afirma que las más apropiadas son las de ganso. Los pavos, cuyas plumas son excelentes, son de origen americano y eran desconocidas en la Europa medieval.

En la imagen también podemos ver el tintero sobre el pupitre, podían ser de cuero repujado, de cuerno u otros materiales. Se conserva un cierto número de fórmulas medievales para hacer tinta. Existían diferentes tipos, principalmente las de carbón y las metaloácidas, sobre estas segundas podeís ver más información aquí.




Una vez terminada la transcipción era necesario revisar el trabajo realizado.  En esta última imagen vemos al monje leyendo el texto, este personaje parece el mismo que realizaba el trabajo de delimitación del espacio destinado a la escritura (en la segunda imagen).

En los centros productores de libros existían escribas especializados (librarii) y avezados correctores (anagnostae). La tarea de estos últimos era especialmente ardua ya que exigía una lectura detenida de cada ejemplar, cuando la obra se realizaba mediante dictado el número de errores solía ser mucho más elevado.

Tras estos pasos que hemos visto aún quedarían otras acciones para terminar nuestro libro, como son la decoración e ilustración y la encuadernación, de las que hablaremos en otra entrada.

Dejaremos descansar a nuestros atareados monjes y si os interesa ampliar información a continuación teneís la bibliografía. Hasta pronto!


BIBLIOGRAFÍA:

DE HAMEL, CHRISTOPHER: Copistas e iluminadores, Akal, Madrid, 2001.

RUIZ GARCÍA, ELISA. Introducción a la codicología, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Madrid, 2002.

NOTAS:

(1) Web unesco: http://www.unesco.org/new/en/communication-and-information/flagship-project-activities/memory-of-the-world/register/full-list-of-registered-heritage/registered-heritage-page-5/ms-gks-4-2-vol-i-iii-biblia-latina-commonly-called-the-hamburg-bible-or-the-bible-of-bertoldus/
Breve información sobre el manuscrito e imágenes



12.4.12

Mensaje secreto

Hola amig@s,

Aquellos que trabajamos con documentación antigua nos encontramos en ocasiones con ciertas curiosidades que resultan interesantes y entretenidas, es por esto que he decidido crear una nueva temática dentro del blog dedicada a tales casos: Espiando antigüedades.

Durante el proceso de intervención de un ejemplar fotográfico he tenido la sopresa de hallar un "mensaje secreto". Se trata de un ferrotipo en estuche daguerriano que contenía un papel impreso escondido cuyo texto podeis observar en la imagen inferior.
 
 
 
 
¿Cuál podría ser la intención de este mensaje? ¿Qué significado encierra? se me ocurren varias hipótesis, me gusta meditar sobre ello, de alguna manera te sientes más cerca de los protagonistas de una historia pasada, de sus pensamientos. Siempre con respeto y admiración, me gusta tratar cada obra como algo único y especial, en casos como este es fácil palpar su valor sentimental.
 
 
Espero que os guste esta curiosidad que comparto con cariño y espero vuestros comentarios y opiniones. El objeto pertenece a una colección particular y no se conocen apenas datos sobre su historia pasada.
Hasta pronto :)

7.10.11

EL PERGAMINO - USO EN DOCUMENTOS GRÁFICOS Y FABRICACIÓN

El pergamino es el resultado de un proceso de semicurtición de una piel animal en el que la combinación de la deshidratación y la tensión provoca un reordenamiento de las fibras, transformando su estructura amorfa en una estructura laminar. Este es el verdadero motivo que hace diferente el pergamino del cuero, en el que la estructura amorfa original es preservada durante la curtición y secado.

Se sabe de la utilización de este material en la IV Dinastía (2613-2498 aC, sg. Clayton). Según Heródoto y Ctesias su uso era habitual en Persia. En Jordania fueron descubiertos unos manuscritos datados entre los siglos IX y VII aC. Como podemos ver, la atribución de su invención al Rey Eumenes II de Pérgamo en el s.II aC responde en realidad a un momento histórico en el que su producción se amplió y perfeccionó notablemente, ya que Ptolomeo V Epífanes (204 - 181 aC) había prohibido exportar papiros egipcios para frenar la creciente importancia que estaba adquiriendo la Biblioteca de Pérgamo.

En el mundo griego se le conocía como diphthéra y entre los romanos como membrana. La denominación altomedieval de membrana pergamena o pergamenum tuvo más éxito. En la tradicción medieval castellana se denominaba al pergamino pergamino de cuero para distinguirlo del pergamino de panno, que designaba al papel.

El fabricante de pergamino y un cliente.
Biblia de Bertoldus, 1255 (Biblioteca Real, Copenhague: MS_GKS 4)
Habitualmente los términos "pergamino" y "vitela" son usados indistintamente. William Horman, a comienzos del s.XVI, se refería a "eso sobre lo que escribimos: está hecho de pieles animales, a veces se llaman pergamino a veces vitela". En el Departamento de Manucritos de la Bodleian Library de Oxford utilizan la palabra "pergamino" ("parchment"), en la British Library de Londres la palabra "vitela" ("vellum"). El término "pergamino" procede del nombre de la ciudad de Pérgamo, la palabra "vellum" tiene el mismo significado que "veau" ("vaca") en francés, "vitellus" en latín, estrictamente la piel de vaca sobre la cual se escribe. Pero algunos autores defienden el uso de "vitela" para describir sólo aquellos pergaminos elaborados a partir de la piel de animales nonatos, mientras que las demás pieles semicurtidas serían estrictamente "pergaminos".
En su uso asociado a los documentos gráficos lo encontramos como soporte escriptóreo, primero, en forma de rollo. A finales del s.I d.C. aparece formando códices, coexistiendo con el papiro al que poco a poco le irá ganando terreno, dada su mejor resistencia al cosido y manipulación en este formato, hasta sustituirlo totalmente (hacia el s.IV). La introducción del papel en Europa (las muestras más antiguas datan del s.XI), realizada a través de la Península,  deja testigos del uso combinado de ambos materiales en un mismo volumen (Breviario y Misal Mozárabe, manuscrito nº6 del Archivo de Silos). De nuevo convive con otro material como soporte gráfico, pero esta vez pierde la batalla frente al papel, sobre todo a partir de la invención de la imprenta en el s.XV al ser su producción muy lenta y costosa para la gran demanda de material que exigía este nuevo ingenio.

Otra forma de encontrarlo en los documentos gráficos es en las encuadernaciones, ampliamente utilizado por su resistencia y facilidad de trabajar. También fue utilizado para elaborar refuerzos del lomo, esquinas, tejuelos, reclamos, etc.

Bajo todas las formas que acabamos de mencionar, es ahora importante recalcar que los pergaminos pueden ser fabricados ex-profeso para un uso y permanecer hasta hoy en su "lugar original" o pueden haber sido "reciclados". Este punto es verdaderamente interesante y encierra todo un campo de estudio específico que abarca desde la identificación de los tipos de grano y estudios morfológicos de estas pieles, hasta la investigación de los palimpsestos (ver en este blog la entrada: El Palimpsesto de Arquímedes), pasando por la identificación de manuscritos que han llegado a nuestros días gracias a que en un momento de su historia alguien los reutilizó para encuadernar su volumen. Como se puede apreciar, muy amplio es el estudio al que nos referimos e iremos viendo poco a poco. En esta entrada empezaremos por el proceso de fabricación.

Han llegado a nuestros días algunas antiguas fórmulas de elaboración, sobre todo procedentes de la Edad Media. Una de las recetas más antiguas y detalladas, ya utilizando el agua de cal, es la que aparece en la Schedula diversarum artium (Theophilus Presbyter, British Museum, MS.Harley 3915, fol. 128r). Es reseñable que en las fórmulas más antiguas no se solía detallar el proceso de elaboración, posiblemente queriendo preservar los secretos del oficio. Con anterioridad al s.XIII la fabricación de pergaminos fue tarea casi exclusiva de los monasterios, donde los monjes realizaban en sus granjas toda cadena productiva. A partir de esta centuria su elaboración se secularizó y se crearon gremios de pergamineros en la principales ciudades. Los primeros manuales de oficio insisten en la importancia en la selección de pieles de buena calidad. Las enfermedades y pestes afectarían a los animales dejando marcas y huellas desagradables en su piel, también el color del pelo afecta a la superficie final del pergamino. El estudio de este tipo de características nos aportan información útil sobre el momento histórico de su manufactura y , como en siguientes entradas comentaremos y ampliaremos, es de suma importancia su identificación a la hora de realizar tratamientos de restauración.

La piel muerta tiende a pudrirse en condiciones normales de humedad y temperatura. Para asegurar su permanencia es necesario realizar una serie de procesos que consiguen transformar el producto inicial en un compuesto inalterable.

PASOS DE ELABORACIÓN

1. REMOJO
En agua corriente, son los llamados "trabajos de ribera", necesario para hidratar las fibras, eliminar sangre, sudor, suciedad, sal,  proteínas solubles y materias extrañas.
Según un antiguo texto el pergaminero tiene que lavar la piel en agua corriente y fría durante un día y una noche , o como dice otro, hasta que esté lo bastante limpia.

2. ENCALADO
Destrucción de la epidermis y el pelo con productos alcalinos. Estos modifican la estructura de la piel abriéndola para facilitar la penetración y absorción de los curtientes, las pieles quedan hinchadas y resbaladizas conociéndose este estado como "piel en tripa".
El uso de agua de cal en el proceso aparece en el s.IV, hasta entonces las pieles eran tratadas con sal, harina y otros productos vegetales. También podían ser puestas al sol para acelerar el proceso de pudrición y provocar la caida natural del pelo. Es posible que los Árabes y Judíos introdujeran este sistema con cal y agua en España en la Edad Media, desde donde se expandió por el resto de Europa. 

3. DEPILACIÓN o eliminación de la epidermis
Una vez transcurrido el proceso de encalado, o similar, se sacaban las pieles de la tina y eran colgadas con el pelo hacia fuera sobre una gran plancha de madera curvada y vertical. Con una cuchilla larga y corva de asas de madera en los extremos se iria raspando el pelo, de arriba a abjo, apilándose en el suelo en un húmedo y pesado montón.
La piel desnuda aparece, rosada allí donde el pelo era blanco y más descolorida allí donde era castaño. Siempre que se pueda se eliminará también la capa más externa, este lado es la cara granulosa del pergamino, la flor. La piel aún está muy mojada y goteando. Una vez sin pelo podía ser depositada de nuevo en la tina.

4. RASPADO o descarnado del tejido subcutáneo
De nuevo se coloca la piel en la plancha de madera de modo que quede hacia fuera el lado no tratado para proceder a eliminar los residuos de carne viscosa y flácida que puedan quedar con ayuda de la cuchilla corva. Si la operación se realiza con demasiada fuerza puede hacerse accidentalmente un corte en la piel, es un trabajo fuerte y enérgico que exige un sorprendente delicadeza y experiencia.

5. TENSIÓN de la piel en un bastidor
Es la segunda fase del proceso, cuando la piel se transformará realmente en un pergamino. Se cuelga la pesada y mojada piel en un bastidor, que puede ser circular (circulus en algunos manuales) o de tipo rectangular. No puede ser clavada al marco, pues los bordes acabarían por romperse, se utilizan pequeñas cuerdas sujetas a una serie de clavijas ajustadas al marco de madera. Cada pocos centímetros y en torno a los bordes de la piel, se incrustan diminutas piedrecillas, formando con ellas puntos de unión a modo de bultos, que son enlazados por medio de una cuerda. El otro extremo de esta se sujeta a la ranura de una clavija giratoria instalada en el marco. Uno tras otro, esos bultos y sus cuerdas quedan unidos alrededor de los bordes hasta que la piel llega a parecer una especia de trampolín vertical y las clavijas acaban por sujetar fiertemente la piel. Conforme se va estirando la piel pueden aparecer roturas circulares u ovales, producto de cualquier pequeño corte o hendidura accidental hecha anteriormente, que no son raras de encontrar en las páginas o márgenes de manuscritos medievales. Si el pergaminero las descubre a tiempo los cose con hilo para impedir que se hagan más grandes, a veces pueden verse roturas en los manuscritos con señales de que sus bordes fueron cosidos, indicando la intervención de la aguja (aunque sin éxito), otra maravillosa huella de su historia que no debe confundirse de ningún modo con las marcas de incisiones realizadas por el pergaminero a modo de "marca de casa" o seña de calidad.

6.RASPADO bajo tensión
La piel está tensa y elástica, pero todavía mojada. Y se mantiene así echándole encima paletadas de agua caliente que resbalan por la piel y forman un charco en el suelo. Después, y mientras se sujeta firmemente el bastidor con el pie, el pergaminero comienza a raspar con fuerza la piel, utilizando otro cuchillo corvo, ahora con el asa en el centro. Un cuchillo normal suele ser de punta aguda y puede dañar con facilidad la tensa superficie de la piel. El del pergaminero, en forma de media luna recibía el nombre de lunellum.
Conforme avanza el trabajo no se cesa de apretar más y más las clavijas, y de golpearlas con un martillo para mantenerlas fijas.
7. SECADO
Bajo tensión en el bastidor se deja por fin secar la piel, sin duda con ayuda del sol pues ahora conviene que el proceso sea rápido.

9. RASPADO final en seco
Ya seca por completo la piel comienza la sesión final de raspado, está ahora tensa como un tambor nuevo, lo que hace que sea considerable el ruido producido por el cuchillo en contacto con la superficie. Se desprenden delicadas peladuras conforme se va debastando la piel capa a capa. Es posible que en la Edad Media se recogieran esas peladuras para hervirlas y hacer cola. La cantidad de desperdicios depende de la delgadez del pergamino que se está haciendo. En la primera época, de producción monástica, los pergaminos eran por lo general bastante gruesos, pero ya en el s.XIII se conseguía una finura caso de papel de seda (se puede confundir con una piel de un nonato), El lado granuloso tenía que rasparse de modo especial para eliminar el brillo satinado que imedía la escritura.
10. ACABADO
Se quitan ahora las clavijas, se saca el pergamino, fino, seco y opaco, que puede ser así almacenado o puesto a la venta.
Previo al proceso de escritura los pergaminos eran pulimentados con ante y frotados con yeso, proceso que en la Edad Media no solía realizar el pergaminero.

Tienda de un vendedor de pergaminos.
Ilustración de una crónica italiana del s.XV

BIBLIOGRAFÍA

Bologna, Guila. Manuscritos y Miniaturas. Editorial Anaya, Madrid, 1994.

De Hamel, Christopher. Copistas e iluminadores. Ediciones Akal, Madrid 1999.

Escolar, Hipólito. Historia Universal del Libro. Fundación Germán Sánchez Ruiperez, Madrid.

Ostos, Pilar; Pardo, Mª Luisa; Rodríguez, Elena E. Vocabulario de codicología. Arco Libros, Madrid, 1997.

The Istituto centrale per la patologia del libro, a Guide to the Museum. Ministry of Cultural Heritage and Activities, Roma, 2004.
The Paper Conservator, volume 16, Vellum and Parchment

Página web: Overview of leather and parchment manufacture, Koninklijke Bibliotheek.